Hay una crisis de confianza en las profesiones porque existe un cuestionamiento a sus conocimientos excepcionales sobre los problemas de la Sociedad moderna y del ser humano en particular.
El profesional hoy día parece no tener las competencias adecuadas para resolver los intrincados y complejos problemas que le presenta la sociedad. En efecto, los profesionales actuales no reaccionan aún con la eficacia pertinente frente a esta nueva revolución científica que vivimos, que está forjando una nueva sociedad más erudita organizada en torno a la competencia profesional y a una nueva apreciación del papel del conocimiento científico y de las habilidades tecnológicas.
Podemos afirmar, entonces, que existe un deterioro de la carrera profesional como institución, a consecuencia del surgimiento de sociedades basadas en el conocimiento, porque la innovación está conduciendo a la destrucción creativa de muchas prácticas.
Las nuevas economías hacen que los conocimientos profesionales tradicionales sean cada vez menos útiles; ya no basta una educación técnica única. Se necesita de un nuevo enfoque emprendedor para prepararse para la vida laboral que lo lleven a ser capaces de enfrentarse perpetuamente a la incertidumbre de tener que definir una y otra vez su papel profesional en la sociedad. Se necesita una nueva forma de pensar que debe estar dispuesta a aceptar la decadencia de las carreras profesionales. En definitiva, en el mundo actual altamente informatizado y globalizado se espera que pocas profesiones sobrevivan una vida laboral completa sin cambios fundamentales.
Un nuevo profesional con una nueva mirada de la realidad es urgente, porque la inadecuada aplicación de la propia ciencia y la tecnología contemporánea han agravado el desprestigio de todas las profesiones, entre ellos la de profesor. En efecto, el deterioro de las ciudades, el incremento de la pobreza, la polución del ambiente, los problemas energéticos y el agravamiento de los problemas de la vivienda, los servicios sociales, la criminalidad enturbiaron más aún el problema profesional. Los profesionales en la medida que no entiendan estos problemas y no formen a sus estudiantes con una visión crítica de la actual situación, buscando entregar una educación que busque superar este estado de cosas que dañan seriamente los derechos ciudadanos, han empezado a ser vistos como instrumentos de los grandes intereses económicos causantes de este estado de cosas, juntándose entonces ineficacia con pérdida de valores.
¿La pregunta es, entonces, si la forma de conocer del profesional contemporáneo es adecuada para satisfacer las necesidades de la época actual como asimismo los propios problemas que ha generado un ejercicio de la profesión inadecuado, ineficiente y alejado de estos valores?

Definitivamente el profesional de la educación,tendrá que adaptarse a las nuevas tecnologías. No es difícil imaginar a los alumnos con muchísimas preguntas por la enorme cantidad de información que inevitablemente verán en la Internet, y los profesores deberán estar preparados para encaminarlos a las respuestas en caso de no tenerlas.
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